Delirantes y obsenas son las orquídeas que te colman,
tú, dios distinto, elegido de entre un puñado falso de hombres,
de aquellos que interpretan palabras,
pero no crean con sus manos, como tú.
Tú único y crédulo amor,
fantasma de alegrías,
muso de fantasías,
artista elegante de caricias,
interprete nefando de substancias epiteleales.
Hombre tierno intacto en el tiempo,
fiel a la memoria, como cocaína al corazón.
Músico único, dador de obsenidades únicas.
Antropólogo imerso de mí corazón,
cuenta cuentos del viejo amor.
Corazón... sustantivo reprimido de luz (tú).

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