miércoles, 9 de octubre de 2013

maldito II

Yo le amè a mis 18,
considerè que la tranquilidad, ùnico y verdadero instrumento  de felicidad
yacia en sus brazos, no vì la crueldad en sus labios,
no probè el veneno que por fuertes dosis èl iba administrando.
Entregando inocencia y amor,
sòlo a sus dulces parpados amè.
"Dulce principe" , decìa,
me quiereS?, te quiero?, quièn màs ha hecho hervir en pequeños pedacitos mi corazòn?
Las estrellas predecìan el final,
un final inùtil y cruel, efìmero.
Porquè jamàs pude saborear un poco de ternura?.
tu interior, cual amargo y perfido egocentrico,
tus entrañas palpitaban, era un estratagemico ritmo, (entonado cual bello engaño)
tus palabras se envolvìan entre tus elegantes atuendos.
La mùsica cual pequeña dosis de morfina
nos hacia viajar  a espacios interiores del deficit infantil
que ambos tuvimos, pues nuestros padres eran mounstrous innombrables de la infancia fàtigada.
Veredas inciertas, mentiras perfectas,
asì tu construìas nuestro dulce infierno,
los merengues rosas del ayer.

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